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Casualidad…golpe del destino o coherencia deportiva?

A través de los años re significamos los hechos de distintas formas. Vamos moldeando sentimientos y todo lo que en algún momento fue de alguna forma, hoy la podemos percibir de otra totalmente distinta.  Para quienes amamos el futbol y la historia de este deporte miramos hacia atrás y nos encontramos con distintas historias, leyendas y mitos. Podemos observar que entre todas, los protagonistas suelen repetirse. En la mayoría de los casos, hasta los días que corren. Y el gran protagonista de la primera mitad del siglo XX es sin duda el futbol uruguayo.

Uruguay 1930

Uruguay 1930

Uruguay, a través de su seleccionado nacional, logró consagrarse en los dos juegos olímpicos que antecedieron a la primera Copa del Mundo de 1930, torneo que también se quedaría en vitrinas “orientales”. Luego de estar ausente en el torneo mundial de los años 1934 y 1938, volvió a consagrarse en la Copa del Mundo de Brasil de 1950, hecho que quedaría marcado en la historia como el “Maracanazo”. Entre 1916 y 1950, la selección uruguayo también se quedaría con 8 ediciones de la Copa América.

Si bien, desde temprana edad escuchamos miles de historias sobre la mítica tarde del Maracaná, siempre tuve la curiosidad de entender todo lo que rodeaba a dicha consagración. Como,  90 minutos de futbol pudieron dejar una huella tan profunda, no solo en el corazón de los protagonistas, sino en la historia misma del futbol. Si el desenlace final había sido fruto de la casualidad o reflejaba cierta coherencia teniendo en cuenta las potencialidades de ambos rivales.

Soy un convencido que el hecho deportivo como tal no tiene el poder de dejar marcas semejantes por sí solo, y si su entorno, lo que lo rodea y le da sentido.

Si nos remitimos puramente al evento deportivo, y haciendo una breve reseña histórica de cómo se vivía el futbol hasta ese entonces, podemos sostener con certeza que Uruguay, como potencia de este deporte, que cada vez se hacía más popular, era, consecuentemente,  superior a Brasil.

Repasando todos los pergaminos, que hasta ese entonces cargaba la tan respetada camiseta celeste, podemos suponer que Uruguay era uno de los grandes favoritos a llevarse una nueva Copa del Mundo.

Obviamente los locatarios no pensaban de la misma forma y le hicieron creer al mundo que ellos serian los nuevos campeones del mundo. Esto no se hizo únicamente a través de palabras, medios de comunicación o convencimiento “colectivo”. Desde aquellos años ya se presentía que Brasil sería una gran potencia. Su estilo de juego, habilidad de sus jugadores y pasión desenfrenada permitía vislumbrar un potencial que tarde o temprano explotaría. Pero el 16 de julio de 1950 definitivamente no quedaría marcado por el nacimiento de una nueva era para los brasileños, y si por el día en que la selección uruguaya le amargo la fiesta y se consagro como bicampeón de la Copa Mundial de la FIFA.

uruguay 1950

uruguay 1950

En palabras de Duilio De Feo, ultimo relator sobreviviente de aquellas épocas: “La pucha, parece que le hicimos un gran daño a toda una nación…” “…No hubo vuelta olímpica. A la cancha ingresaba mucha gente buscando una explicación. Miraban con estupor a los rostros de los que habían profanado el Maracaná. Daban lastima verlos a ellos. Aun siendo uruguayo daba mucha tristeza. En los morros estaba toda la gente de las favelas pronta para bajar a la ciudad y festejar. Volvieron a sus casas como pudieron. Afuera del estadio una fila de 11 autos estaba esperando la consagración de Brasil, era el obsequio para los héroes, pero nunca llegaron. Sin alfombra roja, casi a escondidas, apareció Obdulio Varela y Jules Rimet, presidente de la FIFA en ese entonces, le entregó la estatuilla, casi a escondidas, pues hasta parecía que aquel objeto, ese trofeo, le pesaba demasiado…”

Haciendo un estudio más profundo podemos afirmar que no fue producto de la casualidad que Uruguay pudiera ganarle a Brasil. De hecho por aquellas épocas era considerado un rival históricamente superior y difícil de superar. Aun así por la expectativa de los locales, la ilusión desmedida, y el convencimiento de que en aquel día Brasil comenzaría escribir una rica historia dentro del futbol, hicieron que el resultado final quedara inscrito para siempre en la historia de este deporte.